viernes, 15 de diciembre de 2006

Decálogo del escritor ¿Del escritor?




Por Martín Bonasso

x. La terca manía de escribir es secuela de noches de alcohol(mínimo mil), claro sin perder en ningún momento una flamita de lucidez. Ya que esta lucidez nos permitirá palpar la vida desde otra cosmovisión.

s. Vomitar todos los prejuicios y la moralina, que sólo te atragantan las palabras y no las dejan salir.

w. En este punto debería terminar mi decálogo... es mas no se ni porque lo empecé.

k. Sexo, mucho sexo. Practicarlo de las formas más diversas, ejercita tu imaginación (tener presente el punto s). El sexo es una parte fundamental del ser humano, los eruditos y los exquisitos de la literatura casi no tienen tiempo de ejercerlo... afortunadamente sólo soy un neófito.

z. El sólo pensar que alguien te puede dar una pócima mágica para aprender a escribir resulta hasta grosero. El verdadero escritor es un perro callejero que se alimenta de las cloacas mas pestilentes y recibe puntapiés hasta el hartazgo. Y sólo así aprenderá que la vida de escritor no es más que la vida de un masoquista en extremo.

u. Tener siempre alerta todos tus sentidos. Por ejemplo si te toca la fortuna de presenciar un atropellado(siempre y cuando no seas tu). Primero experimenta al máximo la sensación de vació que sientes en el estomago, resiste el vomito. Escucha todos los rumores, te recomiendo recargarte en un poste de luz y fumar un cigarrillo. No pierdas de vista nada, así veras como algún gandalla se acerca al infortunado para basculearlo, mientras el charco de sangre se encamina a la coladera más cercana. Siempre hay algo extraordinario en lo que parece ordinario.

h.Leer es fundamental, recomendar autores o enlistarlos me resultaría absurdo. Sólo les digo que lean bajo su propio riesgo. Es decir, siempre vamos a cargar con la cruz de nuestras fuentes y de los que para nosotros son nuestros clásicos.

p.Al escribir bajo los efectos de cualquier droga, llevas un paso adelante, repito, sólo si no pierdes la lucidez, sino mejor ni lo intentes...sólo te desgastaras a lo tonto.

y.Puede que toda la vida se nos vaya y nunca aprendamos a escribir, duro pero cierto.

j. pase al punto w.

CARENCIA 1

Hojuelas inconclusas



Por: Martín Bonasso

¡Puta!...otro día más. Ni modo, a resistirlo y a tratar de olvidarme de ayer, anteayer, etcétera, etcétera. Porque yo siempre vivo los días a mi modo. Se preguntaran como es eso ¿no? Pues trato de hacer lo que más me guste, pisoteando a quien sea, al fin y al acabo todos somos así: unos ególatras de mierda. Nadie se preocupa por nadie. Mentira que alguien te tienda la mano, antes que eso suceda prefieren escupirte y si bien te va, sólo te echan a la calle con un patadon en el culo.
Tengo ganas de ir al baño. Es lo primero que hago cuando despierto. Me levanto casi meandome, no lo pienso más y me incorporo como resorte. Hoy no estoy tan rosada ni inflamada como en otras ocasiones, aunque si me arde un poco. Creo que es normal. No todo es gratuito en esta miserable vida, tienes que sacrificar algo para poder si quiera malvivir. No hay opción.

Al momento de agacharme para jalar la palanca, me percato de algo. Me acerco al espejo como queriéndome introducir y lo afirmo, alguno de los pendejos de ayer me ha dejado un chupeton; tal vez con un poco de maquillaje se logre ocultar. Me retiro inmediatamente del espejo. No me gusta mirarme. Tengo miedo de algún día no reconocerme.
Voy a la mesa y me sirvo unos confleis. Al tiempo que juego con las hojuelas, pienso en si debo ir a chambear, tengo hueva, pero es fin de semana y además quincena. Se va a poner bueno. He decidido ir sólo un rato, hasta las seis o siete, en ese lapso ya me traje unos mil quinientos.



Son las doce. Es hora de un relajante baño, de quitarme las costras amorfas de semen, y el pegajoso rastro de sudor que dejaron por todo mi cuerpo varios desconocidos ¡A quien chingados se le ocurre hablar cuando estoy bañándome! ¡Como me caga eso! Una esta aquí concentrada en el único lugar y tiempo más reflexivo que tenemos, y el silbidito del aparato me saca de onda. Me enredo en mi toalla y contesto. Es uno de mis clientes. Me propuso trabajar en una despedida de soltero, le dije que yo nada mas cogía y que no iba a hacer esos bailecitos ridículos. Me dijo que no había problema. Acordamos el lugar, hora y por supuesto la paga. Me vino excelente ya que con sólo dos horas iba a ganar más que todo el día.

Al salir de la fiestecita ya iba medio servida, no era para menos con las cuatro botellas de whisky que nos tragamos. Lo bueno que no estaba lejos de casa. Y además de los cuatro mil pesos que acordamos, les dije que me dieran unos tres cientos más para el taxi. Como todos estaban bien cocos y pedos, ni la pensaron para dármelos.

Paré un taxi y nos fuimos. El taxista, un vetusto amargado, me lanzaba miradas lascivas por el retrovisor , sus lentes parecían lupas intentando profanar el mas profundo rincón de la minifalda que llevaba puesta. Fui esquivando con experiencia cada uno de sus movimientos “involuntarios” que ansiosos pretendían un roce con mis piernas. De repente, en un crucero salió corriendo un cristiano, el viejo no pudo frenar y lo impactó brutalmente. Con el cofre lo aventó como unos cinco metros. El pendejo, de lo asustado en vez de esquivarlo paso encima de él, incluso se escucho como tronaban sus huesos cuando las llantas lo aplastaron. Ya no estábamos lejos de mi casa y le dije que se orillara. Me baje. Decidí irme caminando, no sin antes vomitar en un árbol por el susto aquel.


Sólo debía cruzar el parque para darme un relajante baño en mi tina, lo merecía. Primero la cogida que me dieron y luego el pinche sustote. Me iba soltando el cabello, cuando me salieron dos chavitos, pero chavitos como de unos trece o catorce años, eso si los muy cabrones con unas trenita y ocho especial, que seguramente te dejan un buen agujerote. Me iba a resistir al asalto. Y cuando uno de ellos soltó un tiro al aire, supe que iba en serio. Ni modo, les tuve que dar mis cuatro mil pesos. Los escuincles se echaron a correr y yo me senté en una banca a chillar. Después de unos diez minutos, el frió me corrió y me encamine a casa sin puta idea de lo que había pasado.

Llegando a mi depa, me doy cuenta que no cerré con llave la puerta. Lo que me faltaba, pensé en el momento que un tipo me sujetó por atrás, mientras otro me amarraba las manos. Un tercero sacaba cosas de mi casa. Yo era simple espectadora de aquel atraco. No podía hacer nada. Cuando regresó el tercero, se encargó de agarrarme las tetas hasta casi arrancármelas. El de atrás con un chingadazo en las costillas, hizo doblarme y empezó a manosearme las nalgas a su antojo. Uno más, metía desesperadamente sus dedos en mi culo y en mi vagina. Después cada uno me encajaron bestialmente sus miembros, hasta casi dejarme inconsciente. De lo demás no me acuerdo. Sólo se que desde el suelo, veía una mosca volando encima de mi plato de confleis.

Muchachos valientes

Por Martín Bonasso

El lugar olía a muerte. Los contrincantes se preparaban para lo que podría ser su ultima batalla. Es inminente, alguno de los dos tendrá que sucumbir desangrado y si bien les va gozaran una súbita muerte de un solo navajazo en el pescuezo. Me gusta el espectáculo; dinero, cerveza, whisky, coca y jovencitas dispuestas a irse con el ganador del derby.

Desde las once los partidos comenzaron a llegar. En dos camionetas lobo del año llegaron los contrincantes mas fuertes: rancho La Esperanza de San Miguel Topilejo y rancho Los Coyotes de Santiago Tepalcatlalpan, los dos han ganado derbys en diferentes ferias de Tlalpan y Xochimilco.

La inscripción por partido es de cinco mil pesos y eso multiplicado por diez da un total de un festejo sin privaciones hasta largas horas de la madrugada. El jardín del “pony”, hace las veces de un palenque hecho y derecho, como el de Texcoco o el de Aguascalientes. No les pide nada, las emociones son igual de intensas y la muerte se ve más cerca.

El juez, hace su desgastante labor pesando a todos los gallos que competirán. Trata de empatar los pesos para que no haya la mínima ventaja. Revisara las navajas para asegurarse que utilicen la adecuada y llevara los tiempos del combate.Todo esta listo, las escaramuzas no se detendrán hasta que haya un ganador, hasta ver a su contendiente morir literalmente en la raya, hasta que el pico toque la tierra y su dueño lo alce acariciándolo y agradeciéndole su valentía o que lo levante inerte, sangrando por el pico y aventándolo a la fosa común de los perdedores.

Son las dos de la tarde, las gradas están hasta el tope, el redondel espera pacientemente las primeras gotas de sangre. En lo mas alto de la grada central, se ve a Don chayito alineando a una chica de unos dieciséis o diecisiete años, a esta no parece disgustarle, se avienta cuatro al hilo y un buen trago de cerveza para entrar mas en ambiente.

Los primeros partidos se ven listos para la acometida. Presentan a sus gallos. De rancho Los Coyotes un jumper americano, su línea es perfecta, casi una obra de arte; se pasea altaneramente frente a todos, el publico cuchichea entre si, alabando las virtudes del colorado. El soltador lo jala de su cola, decide que es suficiente. Del lado rojo, el rancho Las Maravillas presenta un Sweater legítimo. No tiene buena pinta, le falta coraje, parece no saber que demonios esta haciendo ahí. Todas las apuestas están en su contra.

Los soltadores los presentan mutuamente, dan unos cinco o seis pasos hacia atrás y a la orden del juez sueltan sus gallos.
El jumper sale con el entusiasmo de asesino serial, el sweater no se mueve, aun esta confundido pero repele el ataque con sus patas. El colorado contraataca y su contrincante sigue sin moverse, esta vez no lo pudo esquivar, se le ve una cortada profunda debajo de su ala izquierda. El dolor de la lesión lo hace reaccionar y se levanta lo mas que puede tratando de hacerle el mayor daño posible al colorado. Su fuerza no es la misma y falla. Plumas vuelan por doquier y un charco de sangre pinta la tierra. El jumper, ahora mas agresivo, desea acabar esto rápido… su ofensiva es mortal. Se oye el revoloteo de alas, no se distinguen bien los cuerpos por el polvo ocasionado. El sweater aun vive, mejor dicho agoniza. El colorado cansado por la arremetida solo le da picotazos en la cabeza.

El dueño intempestivamente se mete al cerco. Agarra su gallo y lo levanta, dando la pelea al colorado. Su gallo aun agoniza, la sangre escurre por su pico y empieza a tener convulsiones. Con pasos desolados se dirige a inaugurar el mausoleo.
Decido acompañar el trayecto y me quedo solo con el gallo, aun vive. Todo ensangrentado sufre sus últimos ataques. Miro sus ojos, los mantiene abiertos y parece decir: nevermore…nevermore.

Aforismos



Los necios llegaran más rápido al infierno. Los otros...No cuentan.

Las sencillas discrepancias con mi alter ego me recuerdan quien soy.

Las mujeres que llegan puntuales a sus citas tiene un serio problema de personalidad.

Las citas a ciegas nunca lo son en realidad.

Entre oriente y occidente prefiero congelarme en el polo norte.

Uno de los sinónimos de la mujer es la desgracia.

La costumbre y la mediocridad son primas hermanas.

Nunca pierdo el tiempo pensando en una mujer...prefiero su abrupta compañía.

Las cosas más sencillas son las que más me cuestan realizar.

Mi tarjeta de presentación viene acompañada de la nada.

En tiempos de campañas electorales, me enclaustro y veo toda la serie de Remi para burlarme de su suerte.

Los eruditos (léase intelectuales) dicen que saben y se la pasan repitiendo lo mismo el resto de sus vidas.

¿Y si todos conocieran a Wittgenstein?
¿Y si leyéramos desde la primaria a Parra y Cortazar?
¿Y si Paz hubiese sido mujer?
¿Y si Bukowski nunca hubiera probado el alcohol?
Cristo, Marx y unos dos tres por todos sus compañeros.
Citlali es el nombre de mi ángel caído.

Nunca me empeño en ser el primero, eso lo dejo para los hombres exitosos, prefiero ser el mejor ultimo en todo. Pero en eso si...el mejor.

Cuando por fin había encontrado a una niña que leía con entusiasmo a Henry Miller, me acerque a ella con mirada lasciva y sonrisa perversa, que de inmediato me desdibujo de un patadon en los huevos. ¿Y Anaïs?

¡salud! ¡salud! ¡salud!
por todas las que hace cinco minutos eran vírgenes...
¡salud!

El amor es el único consuelo cuando el sexo no alcanza.

El Acapulco arde en C.U.



Por Martín Bonasso

Aun era temprano y no tenía nada que hacer. Los miércoles sólo iba a una tomar una clase a la facultad de filosofía y tenia suficientes horas que gastar, antes de regresar a casa. Mi cabeza estaba aturdida de Bourdieu y su sociología de la acción, del campo, del capital simbólico y del cambio de habitus… y era justamente lo que iba a hacer en ese instante. Necesitaba desesperadamente refrescar mis sesos. Era necesario pensar y vivir problemas mundanos. Me encamine hacia el paseo de las facultades, sin un peso en el bolsillo, sólo lo justo para mi pasaje. No me quedaba otra opción. Tendría que pedir vale en el Acapulco loco, mi cuenta la había saldado la semana pasada y hoy comenzaría una nueva. Antes de llegar, los olores a fritangas y demás antojitos grasientos me hicieron recordar lo miserable que estaba en ese momento, es que siempre que no traigo dinero se me antoja todo, mi único consuelo era saber que por lo menos ese día no me iba a atascar en grasa como rutinariamente lo hago.

Al llegar al Acapulco, “pocholo” me recibió como siempre, con una mentada de madre y diciéndome que ya no había lugar para mi. Eran como las cuatro de la tarde y las tres mesas grandes estaban llenas, es la hora de la papa y algunos compañeros aprovechan los accesibles precios del lugar. Me pregunta si voy a comer, siempre lo hace, aun sabiendo que mi respuesta será negativa. Y no es que no tenga hambre, es simplemente que al Acapulco se va a chupar, así lo he hecho dos o tres veces por semana desde que lo inauguraron hace casi tres años.

Voy directo al refrigerador y saco una León bien fría, la esposa del “pocholo” que se encuentra cocinando, ya ni me dice nada, sólo me contesta el saludo y me reclama algo del viernes pasado, pero ni le entiendo. Jalo una silla y me siento entre el refri y el baño, ahí no estorbo, además de ser uno de mis rincones favoritos.

Porque todo te queda a la mano, la estiras y abres el refri, del otro lado esta la perilla del baño y enfrente de mí, debajo de la barra esta la gigantesca bolsa de chicharrones que dan como botana. No puedo pedir más en esta vida. Le doy un trago generoso a la chela, un poco mas abajo de la mitad. Mi alma vuelve a renacer y doy un suspiro de alivio. Me siento bien, en paz. Una chica me queda viendo y se queda con su cuchara suspendida en el aire, al percatarse de mi mirada, se mete el bocado rápidamente y se dedica a lo suyo. No le tomo importancia y prefiero prender un cigarro.

El calor es sofocante donde estoy, menos de dos metros me separan de la estufa, una mojarra de buen tamaño se fríe en un aceite oscuro seguramente reciclado de días. Me da un poco de asco y prefiero ir a la entrada a respirar un poco. El transito estudiantil es constante y las caras son las mismas…a excepción de una. Un chavo como de unos veintisiete viene directo hacia acá y me hace recordar algo, pero no se que es. Viene acompañado de otras personas. De otro trago acabo mi cerveza y voy por otra. En el camino me cruzo con el “pocholo” y me dice: aguas que hay viene el guey del viernes. No se ni que pensar, me vienen imágenes sueltas a mi cabeza, pero no logro hilvanarlas. La chica de la mesa voltea verme, yo la veo de reojo y alcanzo a ver una pequeña cicatriz debajo de su oreja izquierda; que me hace recordar que estuve con ella ahí mismo el viernes pasado. Estoy aturdido y asustado. Prefiero meterme al baño a fumar otro cigarro mientras trato de reconstruir lo que paso el viernes.

Fumo desesperadamente, las voces de las personas que acaban de entrar, me refrescan la memoria. La chica parece decirles algo. Oigo pasos acercándose al baño. Golpean fuertemente la puerta.

La pasión por la pasión


Por Marín Bonasso

Un 27 de enero de hace 250 años, nació el gran músico austriaco Wolfgang Amadeus Mozart. En todos los rincones del mundo se llevara a cabo esta celebración. Cada uno a su modo, realizara actividades que van desde conciertos, biografías, libros y discos conmemorativos, hasta figuritas en miniatura del compositor.

La literatura no se podía quedar atrás. Por ello quiero recuperar en estas líneas al gran maestro Charles Bukowski. No puedo concebir el uno sin el otro: literato/ músico en un gran proyecto. Cómo poder imaginar al buko escribiendo “Poemas de un viejo indecente”, sin estar escuchando la Sonata en do menor para piano o el concierto 23 en la mayor para piano; o tal ves escribiendo “La senda del perdedor” escuchando alguna Obertura o la Gran misa en do menor. Me resulta excitante pensar en esta menuda amalgama divino / maldito.

Son dos aspectos, según yo, que se cruzan para coincidir en sus obras. Uno es la vida que llevaron. Ambos acariciaron, tocaron e hicieron lo que quisieron con la belleza, la armonía y la lucidez. Cada uno a su modo se refugiaba en su mundo para buscar una belleza que muy pocos entienden y muchos menos lo logran. La pasión por lo que realizaban era ejemplar, casi una locura. En la decadencia de sus vidas- si es que se le puede llamar así- crearon sus máximas obras de arte, me imagino y coincido que es cuando mejor se sentían, era lo que al fin de cuenta buscaban: perderse del mundo para así poder crear desde el ser. Al buko le daba igual si lo leían o no, no le importaba la critica y le valía si lo publicaban, se conformaba con tener algunas monedas para seguir bebiendo y escribiendo. Mozart fue el primer músico que se independizo de reyes, príncipes y todos esos ridículos cargos de su época. Creaba de forma autónoma sus armonías, sin ningún compromiso. Los exquisitos de Viena, vieron mal esta rebeldía y de inmediato le dieron la espalda, situación que no le importó al “divino”y siguió soñando con su mundo musical.

Otro de las líneas coincidentes son sus creaciones, las propias obras que realizaron a lo largo de sus vidas. Obras que sobrepasaron el tiempo de su autor. Por su magnitud, universalidad, originalidad y belleza han sobrevivido y seguirán presentes por el resto de la humanidad. Pocas obras de arte pueden gozar de la eternidad, estas dos son unas de esas. Tal ves se nos olvide quien fue el autor, pero estoy seguro que todos alguna ves hemos escuchado La pequeña serenata nocturna en sol mayor, una inigualable experiencia. O quien no ha leído La senda del perdedor o Música de cañería, estos textos que te hacen sentir vivo, te hacen sentir miserable como la vida misma. Por eso pienso que tal ves Mozart y Bukowski, sólo fueron un medio para darnos a conocer estas obras que nos hacen vibrar y volver a creer en la capacidad del ser humano en estos días de austeridad poética.

Por lo pronto, con su permiso volaré escuchando alguna Obertura, leyendo La maquina de follar y por supuesto con un buen whiski en la mano.

Echando polvo con Bersuit.



Por Martín Bonasso

Cuando las tres grapas de coca llegaron a su fin, nos dirigimos al concierto. Constanza estaba muy prendida, se había picado y quería seguirla. Me dijo que conocía un lugar en la Roma donde vendían de la cristalina y que no nos desviaríamos mucho. Le dije que como quisiera, ella llevaba las rueditas, los boletos y los billetes para gastar. No se por qué me hacia esos comentarios estúpidos, de cualquier modo íbamos a hacer lo que ella deseara.

En el camino me comentaba lo mismo de siempre: ni en Buenos Aires consigues esta maravilla che. Constanza a pesar de llevar cinco años viviendo en la Condesa, no había perdido ni minimamente el acento argentino. Lo llevaba impregnado como sus senos breves pero redondos y firmes a su blusa de tirantes. Al llegar a Álvaro Obregón, dio vuelta en la calle de los bisquets Obregón y se estaciono a media cuadra. Quédate, no tardo, me dijo con tonadita mandona, que si no la conociera, me hubiera molestado.

Regreso de inmediato. Me dio tres papeles más y me ordeno: vete preparando unos basukos y deja un papel para el bajón. Ni me inmute, sólo tenía que obedecer. En el carro-según ella- para irnos entonando, puso a todo volumen el nuevo cd de Bersuit. Sonaba Barriletes, y Constanza cantaba emocionadísima, como si estuviera en un concierto en el Luna Park. No me disgustaba la canción, pero era muy cursi para Bersuit.

Mi boca estaba sufriendo los estragos del polvo y tenia demasiada sed. Le sugerí a Constanza que compráramos una botella de whisky en la Alianza de Churubusco, teníamos tiempo de sobra para beberlo, además todavía cuatro cigarros nos esperaban ansiosos de consumirlos. Compramos del más barato, un Cattos de cien pesos, no importaba, lo que necesitaba eran unos buenos tragos de alcohol. De tres tragos le baje mas de la mitad a la botella. Ella se me quedó viendo , abriendo al máximo los ojos, que en esos momentos estaban más atentos que nunca. Siempre le ha impresionado mi forma de beber, a pesar de llevar dos años conociéndome. Tal vez fue por ese motivo que en aquella fiesta en C.U. se acerco a conversar conmigo, aunque nunca me lo ha dicho estoy seguro que compartimos más que empatia.

Es hora de entrar. El palacio de los deportes no esta lleno, pero da lo mismo. Si existe el paraíso estoy seguro que me encontraba pisándolo en ese momento. Bersuit, el grupo que mas me excita. Una nueva oportunidad de experimentar la simbiosis: Bersuit y yo. Constanza llora de emoción al oír La argentinidad al palo y Mi caramelo. El pelado sabe prender a la banda, es un gran líder. El sentimiento al entonar Victoria Clara- canción dedicada a las madres de Plaza de Mayo- llega a las lagrimas, aunque con La bolsa, baila como sólo él sabe. Y con Un pacto, se funde con el publico, en una complicidad de miseria latinoamericana. Cuando la guitarra de Verenzuela comienza con las notas de Sencillamente, me pongo en cunclillas, Constanza lo entiende y sube a mis hombros; salen trapos argentinos, mexicanos y varios más de los pumas. Se agitan al mismo ritmo. Volteo hacia arriba y Constanza no canta, grita con fervor y coraje.

De un espuelazo me indica que quiere bajarse. Resbala por todo mi cuerpo y cuando quedamos de frente nos fusionamos en un prologado y exquisito beso. Nuestras bocas amargas parecen tener una comunión de mucho tiempo, saben exactamente los movimientos a seguir, es excitante...demasiado excitante.

Después de casi dos horas del ritual llamado Bersuit, comienzan a despedirse. No se van sin tocar mi favorita: El viejo de arriba, aunque para entonces no tengo demasiada voz para seguir cantando con el entusiasmo de antes.

Constanza sabe perfectamente que hay una cuanta por saldar. Salimos afónicos y con la libido a punto de explotar. No podemos hablar, apenas unos balbuceos salen de los dos. Aun queda un trago de whisky en el carro y lo compartimos junto con el último cigarro.